Hacía lo que podía para comer. Con un compañero alquilamos una casa vacía en Madrid. Después de pagar todo, me quedaron 150 dólares. La gente del barrio, tan solidaria, me trajo un colchón, mantas, sábanas y comida. Escribía para otros; un tipo te decía andá a la biblioteca y resumí tal libro, no sé ni para qué era. Trabajé en una tienda de muebles, llevando la contabilidad y repartiendo. En un momento tuve que replantear mi vida, hice el curso de entrenador y empecé a trabajar en fútbol con pibes de inferiores

Ángel Cappa

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