Cuento del ciempiés de Jostein Gaarder

Un admirador se sentó a escribir una carta al ciempiés:

«Ah, inigualable ciempiés», escribió.
«Soy un devoto admirador de tu maravillosa forma de bailar. Me encantaría aprender tu método. ¿Levantas primero el pie izquierdo n. º 78 y luego el pie derecho n. º 47? ¿O empiezas el baile levantando el pie izquierdo n. º 23 antes de levantar el pie derecho n. º 18? Espero tu contestación con mucha ilusión. Atentamente, el Sapo»

–Cuando el ciempiés recibió la carta se puso inmediatamente a pensar en qué era lo que realmente hacía cuando bailaba.

¿Cuál era el primer pie que movía? ¿Y cuál era el siguiente? ¿Qué crees que pasó?

–Creo que el ciempiés no volvió a bailar jamás.

Sí, así acabó el cuento. Eso pasa cuando la imaginación es ahogada por la reflexión de la razón.